← VOLVER

El remo tierra adentro

Canto XI, 119-134

Ulises baja al mundo de los muertos para preguntarle al adivino Tiresias cómo volver a casa. Y Tiresias le contesta algo que no esperaba: volver a Ítaca no es el final.
Después de recuperar su casa, le dice, tendrás que cargar un remo al hombro y echar a andar tierra adentro. Caminar y caminar, alejándote del mar, hasta llegar a unos hombres que nunca han visto un barco y que ni siquiera echan sal a la comida. Y sabrás que has llegado cuando alguien se cruce contigo por el camino y te diga que llevas una pala de aventar grano al hombro.
En ese momento, y solo en ese, clavas el remo en la tierra y el viaje se ha terminado.
Es la profecía más extraña del poema y la más moderna. Le está diciendo que su viaje no acaba cuando llega a casa, sino cuando lleva lo que sabe hacer a un sitio donde nadie sabe todavía lo que es. Donde tiene que explicarlo desde cero, porque allí su oficio no significa nada.
Cualquiera que haya intentado vender su vino reconoce esa escena de inmediato. Está escrita hace veintiocho siglos y sigue siendo la mejor descripción que existe de vender vino, o de exportarlo.

Sigue Leyendo

Los cincuenta liños de Laertes

Lo único que sirve para demostrar quién es un hombre es que conoce el viñedo de su padre.

El lecho de olivo

Las cepas no se pueden trasladar, son lo que son donde están, el terreno, el arraigo, el tipo de suelo, la tierra en la que crecemos.

Las doce ánforas de Telémaco

Dame el mejor vino después del que guardas para mi padre. Sigue esperándolo tanto como su madre, aunque no lo diga nunca en voz alta.