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La mesa, el vino y la compañía

Canto VIII

Ulises lleva días en el palacio de los feacios y todavía no ha dicho su nombre. Lo tratan bien, lo sientan a la mesa, le dan de beber, y nadie insiste.
Durante el banquete, el aedo ciego Demódoco se pone a cantar la guerra de Troya, sin saber que tiene delante a uno de sus protagonistas. Canta el caballo de madera. Canta el saqueo. Y Ulises, con la copa delante, se tapa la cara con el manto y se echa a llorar. Alcínoo es el único que se da cuenta y manda parar la música.
Entonces Ulises dice su nombre. Y a partir de ese momento, y solo a partir de ese momento, cuenta el viaje entero: el cíclope, la hechicera, el descenso al mundo de los muertos, las sirenas, el naufragio.
Todo lo que sabemos de la Odisea, las escenas que llevamos tres mil años contando, salieron de una sobremesa. De alguien que llevaba años callado y que un día, en una mesa, con una copa de vino y con gente que lo trataba bien, decidió hablar.

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