Los lotófagos
Canto IX, 82-104
Antes del cíclope hay una escala más breve y mucho más inquietante. Ulises manda a tres hombres a ver quién vive en la costa. Los lotófagos no les hacen nada malo: sencillamente les dan a probar la flor de loto, que el texto describe como dulce como la miel. Y los tres dejan de querer volver a casa. No es que se resistan, es que se les borra el motivo. Ulises tiene que arrastrarlos al barco llorando y atarlos debajo de los bancos.
Aquí viene el detalle que solo se ve leyendo con calma. Homero usa esa misma fórmula, dulce como la miel, para describir el vino de Marón. La repite a propósito. Dos cosas deliciosas, en el mismo canto, separadas por unas pocas páginas.
Una te borra de dónde eres. La otra te salva la vida precisamente porque viene de un sitio, tiene un nombre y arrastra una historia. Toda la diferencia entre una bebida y un vino cabe en esa simetría, y Homero la montó a propósito hace veintiocho siglos.