Las preguntas
Cantos I a XXII
Son ciento ocho. Llevan años instalados en una casa que no es suya, matando los rebaños de un hombre que quizá esté muerto y vaciando sus tinajas. El texto dice que beben locamente el vino tinto.
Y aquí está lo que los retrata, mucho más que la violencia del final. En veintidós cantos, ni uno solo de ellos pregunta nunca qué están bebiendo. No saben de dónde viene, ni quién lo hizo, ni cuánto tiempo llevaba ahí abajo esperando. Solo saben que sale de la despensa y que es gratis.
Beber sin saber qué se bebe no es un pecado y no se lo vamos a reprochar a nadie. Pero es una lástima enorme, porque el que no pregunta se pierde la mitad. Se bebe el líquido y se deja fuera el sitio, el año, la gente, la historia, la decisión de alguien que un día pensó que ese vino tenía que existir.
Toda la diferencia entre alguien que pretende y un auténtico invitado cabe en un concepto: las preguntas, querer saber, querer aprender.